Depresión Postvacacional

La crisis económica mundial y la mala situación política y social dificultan la recuperación del ritmo laboral, e impiden el correcto descanso en períodos vacacionales, creando un círculo vicioso de estrés y malestar general, conocido como el síndrome de Depresión Postvacacional.

Se trata de una falta de desconexión con el ritmo de trabajo, el cual permanece presente en la mente de los vacacionistas, empujándolos a una constante sensación de rechazo y temor al retorno a las actividades laborales. Este mal, que afecta al 35% de la población, ocasiona una falta del descanso necesario en el período de relajación e impide este cambio de energía necesario para la distensión.

Los estudios indican que la presencia de este síndrome denota síntomas tales como sensación de tristeza, falta de sueño, irritabilidad, ansiedad e inquietud durante los primeros 10 o 15 días luego de la reinserción a las labores (en las mujeres puede llevar más tiempo). Además, los sujetos se manifiestan según dos grupos: los que redujeron el período vacacional (impidiendo el pleno goce de las actividades programadas) y los que hicieron un gasto de dinero excesivo (provocando ansiedad por la nueva generación del dinero faltante).

Eventualmente, estos síntomas desaparecen, a menos que exista otro tipo de condición médica. El verdadero inconveniente que la depresión postvacacional plantea es que su reincidencia anual produce en los sujetos un acumulativo disgusto por la actividad laboral, lo que minimiza el rendimiento y la concreción de objetivos.

Los especialistas recomiendan tomarse el tiempo necesario para el descanso a lo largo del año, en forma casi regular, como la práctica de deportes o actividades de esparcimiento en los fines de semana, realizar viajes cortos o “escapadas” en los fines de semana largos, o bien dividir los días vacacionales de modo de tener dos oportunidades al año para distenderse, y no caer en el rechazo hacia nuestra actividad laboral.

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